Munch, ese que pintó El grito

Crees que sabes todo lo que hay que saber sobre Edvard Munch, ¿verdad? A tu juicio, era un solitario de alma atormentada, que pintaba escenas de trauma y desamparo y que se dejaba llevar por la angustia y la melancolía… ¿van por ahí los tiros? Pues la nueva exposición de la Tate Modern pone tu erudición sobre el noruego en entredicho y te invita a explorar las facetas más desconocidas de su personalidad a través del análisis de los temas que abordó en sus obras. Los de la Tate quieren que conozcamos más a un artista que era mucho más que «el tipo ese que pintó El grito» y nos enseñan, entre otras cosas, que su trabajo estuvo fuertemente influenciado por la deficiencia visual degenerativa que padecía y por su creciente interés por la fotografía.

Para la comunidad artística, la posibilidad de descubrir al hombre que se esconde tras el pintor y de conocer sus verdaderas motivaciones y las fuentes de inspiración de todas sus obras o de todos los periodos artísticos de su carrera constituye un sueño hecho realidad. Sin embargo, de algún modo, al completar el puzzle se pierde el halo de misterio que lo envuelve y se desvanece el carácter único y desgarrador de sus cuadros. Parece que conocer los detalles banales de la vida del artista requiere el sacrificio de su carácter legendario y del atractivo que emana el Munch torturado y ajeno al amor, ese que pintó sus obras maestras en un frenesí de contradicciones actuando como catarsis de sus traumas de juventud.

Edvard Munch, El grito, 1893.
Témpera y cera sobre cartón, 91 x 73,5 cm.
Nasjonalmuseet, Oslo.

 

La nueva mirada que los expertos han arrojado sobre Munch revela que conocía muy bien las técnicas y los efectos visuales que empleaba y que su principal motivación para retomar sus temas preferidos una y otra vez no era otra que su viabilidad comercial. Si es así, el tipo ese sabía jugar sus cartas… Tal vez, la Tate debería tomar ejemplo y ofrecernos a ti y a mí lo que queremos, es decir, al Munch abatido y desesperado que creemos conocer. Según tengo entendido, El grito no se vendió nada mal…

Tienes la oportunidad de visitar la exposición Edvard Munch: The Modern Eye en la Tate Modern hasta el 14 de octubre de 2012 y ver cómo se te cae un mito o llevarte a casa este eBook y disfrutar de la aflicción de Munch en su apogeo.

 

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