Las mujeres de Rubens tienen curvas

En un mundo dominado por la delgadez extrema parece que no hay sitio para las mujeres del Barroco, las que tienen curvas, las de toda la vida. Por suerte, hemos superado el aspecto enfermizo de Kate Moss en los 90, pero sólo hay que ver la transformación de Maribel Verdú (como diría un amigo «a mí me gustaba antes de que se arguellara») para darse cuenta de que nos queda mucho camino. Sobre todo cuando alguien te dice que le gusta Giselle Bündchen «porque es una modelo con curvas». Seamos serios, alguien que mide 1’80 y pesa menos de 60 kilos puede ser guapa, atractiva, sexy si quieres, pero no puedes decir de ella que tenga curvas y hacer eso es engañar a las adolescentes que bastante tienen ya con los cambios que se operan en su cuerpo como para encima tener que aguantar la presión social.

Peter Paul Rubens, Venus el espejo, 1614/1615.
Óleo sobre tabla, 123 x 98 cm.
The Princely Collections, Lichtenstein.

Por suerte, campañas como la de «Belleza real» de una conocida marca de cosméticos nos devuelven a la realidad (ya sé que la corporación posee otras marcas que lanzan el mensaje contrario, pero no por eso el primero deja de ser bueno), que se asemeja más a los cuadros de Rubens que a las fotos arregladas que publican las revistas (artistas actuales se hacen eco de esto). Y es que estas mujeres, las de Rubens, no estaban gordas, eran simplemente reales. Seguramente ya habrían tenido algún que otro hijo, su piel estaba fláccida en algunos puntos e incluso podemos apreciar la celulitis. Ahora que levante la mano aquella que no tenga piel de naranja.

Pedro Pablo Rubens, Las tres Gracias, c. 1635.
Óleo sobre tabla, 220,5 x 182 cm.
Museo Nacional del Prado, Madrid.

Sé que las modas cambian, que la belleza es subjetiva y depende de la época. Obviamente el siglo XVII tenía un canon diferente (como dice Wislawa Szymborska «no tiene qué darle a las planas») y no estoy defendiendo la obesidad en absoluto; hacer algo de deporte (lo que te guste) y llevar una dieta sana es importante y si tus genes acompañan no necesitarás más. Si no tienes esa «suerte», matarte de hambre y dejarte la piel en el gimnasio por entrar en una 40 no debería ser tu objetivo en la vida. Y eso de que «nada sabe mejor que estar delgada», en fin Kate, yo personalmente prefiero el chocolate.

Peter Paul Rubens, El desembarco de María de Médici en el puerto de Marsella (detalle), 1622-1625.
Óleo sobre lienzo, 394 x 295 cm.
Musée du Louvre, París.

Si quieres apreciar las curvas de mujeres reales del siglo XVII, puedes acercarte a la exposición de Rubens en el Von Der Heydt-Museum, Wuppertal desde el 16 de octubre hasta final de febrero del próximo año. Si te apetece disfrutarlas con más tranquilidad o no quieres esperar un mes a verlas, hazte con un ejemplar de Rubens o arte barroco de Victoria Charles.

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