La posmodernidad del Barroco

Siempre se ha dicho que el tiempo es cíclico, y como él, la historia. Eso lo hemos visto en modas, movimientos políticos, religiones y, cómo no, en el arte. En esta época de crisis total, en la que ni los valores, ni la economía, ni por supuesto la política, están al margen de los vaivenes del mercado, no es de extrañar que resurja con fuerza el movimiento artístico de la crisis por excelencia: el Barroco (que ahora se da bajo el nombre de Neobarroco).

Este movimiento, nacido en la Europa del siglo XVII, fue la respuesta a una gran crisis política, religiosa y económica, época de grandes adelantos científicos que dejaron al hombre en una posición inestable, consciente por primera vez en mucho tiempo de su individualidad y fragilidad. Para Maravall, la cultura de esta época era «dirigida» –enfocada en la comunicación–, «masiva» –de carácter popular– y «conservadora» –para mantener el orden establecido–. Así pues, cualquier obra debía estar enfocada a la fácil transmisión de un mensaje al público, y éste debía estar dispuesto de tal manera que la gente comulgara y se entusiasmara con él. Asimismo, este mensaje estaba al servicio del poder, que era el que pagaba los costes de la obra de arte. ¿Nos va sonando?

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Diego Velázquez, Las meninas, c. 1656
Óleo sobre lienzo, 318 cm x 276 cm.
Museo Nacional del Prado, Madrid.

No es de extrañar que, ante estos indicios, Severo Sarduy dedicara un estudio al tema y llegara a la conclusión de que lo que tenemos ahora debería llamarse Neobarroco, que diluye la frontera entre el buen gusto y el mal gusto (vamos, que lo kitsch está de moda, véanse Belén Esteban o Delfín Quishpe, más conocido como Delfín Hasta el Fin). Eso por no nombrar a los hipsters, esa tribu urbana de la que nadie forma parte (no es hipster decir que eres hispter) pero que inunda nuestras ciudades de cultura pop, «cuanto más cutre más mola». Y es que lo que se lleva ahora es ser un freak. Por suerte, algunos de nosotros también hemos heredado del Barroco el pensamiento crítico que conlleva y sabemos leer más allá del horror vacui.

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Bartolomé Esteban Murillo, Anciana despiojando a su nieto, 1970-1975.
Óleo sobre lienzo, 147 x 113 cm.
Alte Pinakothek, Múnich.

Si quieres aprender un poco más acerca de la revisión posmoderna del Barroco, aún tienes unos días para acercarte a la Art Gallery of Alberta, en Canadá, para visitar «Misled by Nature: Contemporary Art and the Baroque». Si prefieres el original, puedes disfrutar en casa de Baroque Art (en inglés).

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