Almas gemelas mal avenidas

Dos artistas viven una intensa historia de amor llena de pasión, traiciones y desengaños durante el periodo de la guerra fría. Él, conocido comunista, utilizaba la pintura como medio de expresión de su ideología. Ella, físicamente frágil y limitada, pintaba para soportar su sufrimiento. Ambos se basaban en sus raíces comunes para llevar sus obras a cabo. Él, animal social, viajó mucho y gustaba de fiestas y recepciones. Ella, marcada por un accidente y enfermedades infantiles, se ensimismaba en su propio mundo. Podría ser el argumento de una comedia romántica, o un culebrón, pero en realidad es la vida de Frida Kahlo y Diego Rivera; su historia de amor fue intensa, llena de infidelidades y, por supuesto, arte.

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Frida Kahlo, Frieda y Diego Rivera, 1931.
Óleo sobre lienzo, 100 x 78,7 cm.
San Francisco Museum of Modern Art, San Francisco.
© Banco de Mexico Diego Rivera & Frida Kahlo Museums Trust, Mexico, D.F. / Artists Rights Society (ARS), New York.

Frida «estaba rota y no enferma», según ella misma, y poseía una inmensa fuerza interior. En mi mente está inevitablemente asociada a Chavela Vargas, no sólo por la supuesta relación que mantuvieron (de la que me enteré muchísimo más tarde de que surgiera mi admiración por ambas), sino por las semejanzas que encuentro entre ellas: mujeres fuertes, rebeldes y autosuficientes en un mundo que les era hostil; ambas encontraron en el arte una manera de expresarse que llevó a muchos de los que las hubieran censurado a admirarlas y a comprender un mensaje que jamás hubieran aceptado de otro modo.

La vida en pareja con Diego debió de resultarle muy dolorosa. Corrijo, debió de resultarles muy dolorosa a ambos, ya que los dos fueron infieles y las peleas eran constantes; sin embargo, no se entiende la obra de ninguno de los dos sin la influencia del otro. Era una simbiosis lacerante, un «ni contigo ni sin ti» llevado al extremo. Compartieron ideología, arte, amigos, amor y desamor admiración y respeto mutuo, y mucho dolor. Pero al final, cuando ella por fin murió y pudo descansar de los padecimientos que la habían postrado en una silla de ruedas, Diego escribió: «Yo me he dado cuenta que lo más maravilloso que me ha pasado en mi vida ha sido mi amor por Frida.»

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Diego Rivera, El hombre controlador del universo (o El hombre en el cruce de caminos) (detalle), 1934.
Fresco sobre bastidor metálico transportable, 4.80 x 11.45 m.
Palacio de Bellas Artes, Ciudad de México.

Aún tienes unos días para acercarte a la exposición «Frida & Diego: Passion, Politics and Painting» (20 de octubre de 2012-20 de enero de 2013) que hospeda la Art Gallery of Ontario, en Toronto, y descubrir esta relación tormentosa, sus influencias mutuas e intereses comunes y el arte que se derivó de ella. O si prefieres darte un tiempo para estudiarlos y comprenderlos mejor (la ocasión lo merece), puedes hacerte con los estudios que les dedica Gerry Souter: Kahlo y Rivera (ambos en inglés).

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