REPITE HASTA QUE GRITE

La verdad es un mensaje que se repite muchas veces. No sé de dónde viene esta frase que me martillea en la cabeza, solo sé que todo en ella es cierto. Habrá otras maneras de descubrir cuál es la verdad, pero preferimos desembarazarnos de ellas como si fueran fruto de una violación de la mente, que necesita esforzarse para engendrarlas. Mi mente es mía y la desuso como quiero. No podemos preocuparnos por esas cosas. Predomina la insistencia como forma de modelar la realidad. Si el mismo mensaje se reitera y nos alcanza por diferentes vías, mucho mejor, más verdad será su contenido. Solo me creo lo que oiga ciento y una veces. Este dogma que nos permite respirar con tranquilidad, mimetizando su carácter necesariamente repetitivo, sirve para expresar al mismo tiempo la igualdad y la diversidad, qué tremenda paradoja: más de lo mismo puede servir para darnos cuenta de que no todo es igual.

Derecha: C. Monet, Almiar de trigo, 1891.  Óleo sobre lienzo, 65,3 x 100,4. Art Institute of Chicago, Chicago. Izquierda: C. Monet, Almiar de grano, efecto de nieve, 1890-1891. Óleo sobre lienzo, 65 x 100 cm. Scottish National Gallery, Edimburgo.
Derecha: C. Monet, Almiar de trigo, 1891. Óleo sobre lienzo, 65,3 x 100,4. Art Institute of Chicago, Chicago.
Izquierda: C. Monet, Almiar de grano, efecto de nieve, 1890-1891. Óleo sobre lienzo, 65 x 100 cm. Scottish National Gallery, Edimburgo.

Todo esto viene porque a lo largo de la historia del arte ―¿de qué os pensábais que estaba hablando?― han sido muchos los que por medio de la repetición han buscado profundizar en el mensaje de la variación en la repetición; minimizar el significado de la representación y al mismo tiempo promulgar una teoría del color como principal elemento constitutivo de verdad y propagador de mensaje. Todo esto que se reduce a pintar lo mismo muchas veces en diferentes momentos del día, de la vida o desde diferentes ángulos es una metáfora perfecta de lo que sucede en muchas ocasiones con nuestras vidas, en que los eventos se suceden consecutivamente sin apenas variación, pero en los que el color y la luz de cada día nos permite encontrar una fuente de energía.

Derecha: K. Hokusai, Bajo la ola de Kanagawa (Kanagawa oki nami ura), también conocido como La gran ola, de la serie Treinta y seis vistas del monte Fuji (Fugaku sanjûrokkei), c. 1830-1832. Ôban horizontal, 25,4 x 38,1 cm. The Metropolitan Museum of Art, Nueva York. Izquierda: K. Hokusai, Dulce brisa, buen tiempo (Gaifû kaisei), también conocido como Fuji rojo, de la serie Treinta y seis vistas del monte Fuji (Fugaku sanjûrokkei), 1830-1831. Ôban horizontal, 24,4 x 38,1 cm. Museum of Fine Arts, Boston.
Derecha: K. Hokusai, Bajo la ola de Kanagawa (Kanagawa oki nami ura), también conocido como La gran ola, de la serie Treinta y seis vistas del monte Fuji (Fugaku sanjûrokkei), c. 1830-1832. Ôban horizontal, 25,4 x 38,1 cm. The Metropolitan Museum of Art, Nueva York.
Izquierda: K. Hokusai, Dulce brisa, buen tiempo (Gaifû kaisei), también conocido como Fuji rojo, de la serie Treinta y seis vistas del monte Fuji (Fugaku sanjûrokkei), 1830-1831. Ôban horizontal, 24,4 x 38,1 cm. Museum of Fine Arts, Boston.

Algo de esto debe ser lo que han pensado los curadores de la exposición Van Gogh, Repetitions que tiene lugar actualmente y hasta el 2 de febrero en The Phillips Collection, Washington. En ella se acercan de nuevo al genio, famoso por su excéntrica, impulsiva y trepidante manera de pintar, con una perspectiva novedosa: la repetición en sus obras, la de dibujar un boceto y traspasarlo al liezo, de pintar algo una y otra vez, de copiar un cuadro de algún otro artista. Con ello pretenden descubrir los secretos de la forma que tenía Van Gogh de crear un cuadro y proponernos una mirada detenida y pausada de aquellas obras que por ubícuas comienzan a perder un cierto valor de estudio.

Derecha: V. Van Gogh, Los grandes árboles de la esplanada (Peones camineros en Saint-Rémy), 1889. Óleo sobre tela, 73,4 x 91,8 cm. The Cleveland Museum of Art, Cleveland. Izquierda: V. Van Gogh, Los peones camineros. Óleo sobre lienzo, 73,66 x 92,71 cm. The Phillips Collection, Washington.
Derecha: V. Van Gogh, Los grandes árboles de la esplanada (Peones camineros en Saint-Rémy), 1889. Óleo sobre tela, 73,4 x 91,8 cm. The Cleveland Museum of Art, Cleveland.
Izquierda: V. Van Gogh, Los peones camineros. Óleo sobre lienzo, 73,66 x 92,71 cm. The Phillips Collection, Washington.

Nosotros en Parkstone te proponemos cualquiera de nuestros volúmenes del artista, escrito por Jp. A. Calosse (en inglés) o escrito por el mismo Van Gogh. No dejes que la insistencia de la rutina pueda con tu capacidad de distinguir la verdad que se oculta tras lo que vemos a diario. Cuando nos repiten mucho una cosa hay que preguntarse por qué. Los artistas lo tenían claro, me pregunto yo si en todos los estratos sucede lo mismo y si ellos sí, ¿somos nosotros capaces de distinguir la intención de unos y otros?

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