Arte de café

El Denver Art Museum le está dedicando una exhaustiva muestra al arte francés. Aunque su reclamo no sea un alarde de originalidad (los impresionistas), trata de reunir arte anterior al siglo XIX para tratar de establecer una especie de hilo que una la riquísima tradición del arte francés. Ha titulado la exposición Pasaporte a París. La exposición son el realidad tres. Este repaso al arte francés está conformado por sendas muestras más pequeñas: De la corte al café, La naturaleza como musa y Sala de dibujo.

Claude Monet, Mañana en el Sena, 1897-1897.
Claude Monet, Mañana en el Sena, 1897-1897.

Me da por comparar la mirada que los museos americanos proyectan sobre el arte francés y la visión que se tiene del arte español. Sin duda, ambos son admirados y cuentan con figuras de primerísima fila, pero pareciera que en el caso de los artistas españoles la calidad dependiera más de su grado de hispanidad que de su talento real. Como bien ha señalado en más de una ocasión Francisco Calvo Serraller, el descubrimiento tardío del arte español por parte de los europeos tuvo mucho de exotismo romántico, el mito de la veta brava: violencia, superstición, toros, religión, etc.

Francisco de Goya, El aquelarre, 1797-1798.
Francisco de Goya, El aquelarre, 1797-1798.

Pienso en la pesada carga de la españolidad del arte español, pero al leer el texto de la exposición de Denver he caído en la cuenta de que, en realidad, no hay nada a salvo de los tópicos. El arte francés también debe cargar con su particular losita, en su caso el sempiterno café. Bien, como todos los tópicos, éste tiene su parte de verdad: quién va a negar el papel que han jugado en la cultura moderna las tertulias de los cafés. Pero me resulta excesiva la importancia que se le concede, como si la tertulia en el café fuera sólo cosa de artistas e intelectuales. (Algunos de los momentos más felices de mi vida, y de muchos, me figuro, los he pasado charlando tranquilamente en una cafetería antigua de Madrid)

Edouard Manet, Bar en el Folies Bergere, 1882-1882.
Edouard Manet, Bar en el Folies Bergere, 1882-1882.

Al margen de todo esto, lo que siempre quedan son las obras. Claro que una exposición siempre tiene que ver con elaborar un discurso, a veces con intenciones poco afortunadas –“Pasaporte a París reúne obras de las estrellas de rock del mundo del arte”, comienza el texto de presentación– pero a cuánta gente verdaderamente le interesa eso. Al final, sólo quedarán las obras. Uno de los reclamos de esta exposición es que presenta juntos un importante número de cuadros de Monet. Como nos tememos que a muchos de nuestros lectores les va a ser imposible viajar a Denver, les ofrecemos este libro con muy buenas reproducciones de obras del maestro.

R.C.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s